G. F. Handel – SUSANNA (HWV 66)

ORATORIO BASADO EN LA HISTORIA BÍBLICA DE

“SUSANA Y LOS VIEJOS”

 

Libro de Daniel, capítulo 13

Leer al genio siempre es tarea difícil. Empresa inevitable, siempre deja ‒o debe dejar‒ una sensación de tarea inacabada.

Pocas obras de G. F. Handel se abren tanto a las incógnitas como el Oratorio Susanna. Tras los Oratorios llamados «de victoria» como Judas Maccabaeus o Joshua, en el verano de 1748 nuestro Maestro aborda la composición del Oratorio Susanna, basado en la conocida historia de la joven acosada por dos ancianos, jueces de Israel, que ante la negativa de ceder a las demandas de estos dos hombres es extorsionada y acusada falsamente por ellos de adulterio con un joven anónimo, con la pena máxima que conllevaba, la lapidación.

«Susana y los viejos» conmovió la conciencia de los artistas desde siempre, siendo un tema ampliamente representado en la pintura desde el medievo, o en el renacimiento con Tintoretto o Veronese, y con la entrada del barroco en el siglo XVII se desarrollará crudamente con los lienzos de Rembrandt, Gentileschi, Carracci, Guercino, Rubens, Reni…

  También en la tradición oral la historia de Susanna era muy conocida sobre todo en Inglaterra y Francia desde el medievo y renacimiento. Baste recordar la melodía Susanne un jour en la que se basaron diversos compositores como Orlando di Lasso o Cipriano di Rore para algunas de sus obras. Baladas y canciones populares inglesas también relataban estos acontecimientos, y posiblemente por ello y como guiño al público, Handel echa mano en muchas ocasiones de música campestre y aldeana. Con ello querría evocar el mundo de los jardines y praderas de Babilonia, donde se sitúa la narración.

Hasta hace poco tiempo el autor del libreto era desconocido. Últimos estudios apuntan al poeta Moisés Mendes ‒o Mendez‒ (1690?-1758), judío de origen sefardí y destacado miembro de la intelectualidad londinense, que en sus últimos años se uniría a la logia masónica[1]. Esto vuelve a certificar la estrecha cercanía de Handel con la comunidad judía de Londres.

Es significativo que el capítulo 13 del Libro de Daniel, que es el que contiene la historia de Susanna, sea realmente una adición griega no perteneciente al canon de la biblia hebrea, siendo su redacción de finales del siglo II o comienzos del siglo I, a.C [2], en el contexto del denominado judaísmo helenístico. Es interesante comentar también que los Manuscritos del Mar Muerto (de las cuevas de Qumrán) descubiertos a mediados del siglo XX, contienen fragmentos de la historia de Susana, en hebreo שושנה, Shoshannah. No perteneciendo, pues, al canon, es llamativo que Handel lo eligiera para un Oratorio. La temática tenía mucha más fuerza que este hecho.

Hacia el final de su vida Handel muestra una inclinación por los temas éticos y morales, y no en vano y para ello, dirige su mirada hacia la mujer. No era la primera vez que el Maestro de Halle tomaba a la mujer como protagonista, pero hasta ese momento lo hacía como heroína del pueblo elegido, como la profetisa Deborah o la reina Esther. Sin embargo, en sus últimas obras —Theodora, Susanna, Jephte— es la condición femenina per se la que Handel muestra.

Amor, ética, e incluso misticismo, son el nuevo «jardín» donde crecen sus últimas obras.

Susanna es una obra difícil de catalogar y que no tiene antecedentes en su género. Muchos ven en ella más una ópera que un oratorio, aunque a nosotros esta diferencia nos resulta secundaria.

Realmente la obra trata de temas muy duros: el acoso, el abuso de poder, la extorsión, el falso testimonio y su terrible castigo, pero sobre todo, la repugnante posición de los jueces ancianos.

Está claro que en la obra hay distintas posiciones del varón frente a la mujer. En oposición a los ancianos, aparece Joacim (en la voz de tenor), el enamorado marido de la joven Sussana (soprano), y su padre Chelsias (bajo), hombre respetuoso de la Ley, en la que instruye a su hija. Por último, el profeta Daniel (tiple o soprano), un adolescente en la narración, que será el que introduzca la duda sobre la veracidad del testimonio de los ancianos jueces, a pesar del poder que estos ostentaban. El texto bíblico de Daniel recoge en el fondo una idea más profunda, que es la crítica a la corrupción de las castas que regían con su poder, como sacerdotes y jueces, idea tan importante en las Lamentaciones de Jeremías o en Ezequiel, por ejemplo[3].

No en vano, el nombre de Daniel significa «justicia de Dios» — דָּנִיֵּאל Dāniyyêl—.

Impresiona cómo Handel diferencia musicalmente a los dos ancianos aprovechando las características que a cada uno otorga el libreto de Mendes. El primero «pretende» estar enamorado, y cree absurdamente que su deseo por la joven no tiene ningún límite. Hay quienes ven en sus arias toques de humor. No lo vemos así. A nuestro parecer lo que está en juego es el ridículo, el mal gusto, la grosería, y definitivamente la maldad. Handel sabe otorgar al personaje melodías patosas y coloraturas toscas y torpes. Se podría decir que después de cantar, nunca termina en el buen lugar.

En el segundo anciano lo que aparece de manera pura y dura es la brutalidad, la peor vertiente del poder sobre otra persona. Este personaje tiene un antecedente en la literatura handeliana, y es Polifemo, el cíclope que destruye a Acis solo para impedir su felicidad junto a la ninfa Galatea, a quien Polifemo pretende [4].

Uno y otro anciano causan el mismo efecto: violencia y asco.

No podemos llamar «deseo» a aquello que mueve a estos hombres hacia Susanna. El deseo tiene una condición: involucra siempre a la poesía y a la belleza. La de estos ancianos no es, desde luego, una posición viril. Esta puede adquirir distintas formas; aquí quedan algunas como signo y testimonio de amor: la pasión de Joacim por su esposa Susanna, el reconocimiento de Chelsias por su hija y la valentía de un joven profeta, Daniel, para hacer justicia, cosa que finalmente logra.

Todos hacen —y aún hacemos— por ir llevando, en lo que a la Mujer respecta, las cosas al buen lugar.

Oscar Gershensohn

Director Handel Oratorio Society

 

[1] Aubrey Newman, «Jews in English Freemasonry». Jewish Communities & Records. April 2015. [En línea] <https://www.jewishgen.org/jcr-uk/Newman_papers/Jews_in_English_Freemasonry.htm>.

[2] Francisco Cantera y Manuel Iglesias, (eds. y trad.), Sagrada Biblia. Versión crítica sobre los textos hebreo, arameo y griego. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2009 (tercera edición), p. 1012.

[3] Apuntes sobre los textos bíblicos, de Inma Férez.

[4] G. F. Handel, Acis and Galatea, HWV 49 (1718).